martes, 19 de septiembre de 2017

‘Jean Michel Jarre en Chile’





El 14 de noviembre nos visitará por primera vez este extraordinario intérprete de música electrónica.

¿Quién es Jarre?

Es un músico francés, nacido en 1948, hijo de otro connotado artista, Maurice Jarre, autor de las bandas sonoras de filmes como Doctor Zhivago, Lawrence de Arabia, Ghost y La Sociedad de los Poetas Muertos, famosísimas películas que más de alguna recordará.

Más allá de la nutrida lista de temas imperdibles, resaltan ‘Oxígeno’, ‘Rendez-Vous’, Zoolook’, Equinoccio’ y ‘Magnetics Fields’, todas composiciones de antes del 2000.

Recuerdo la historia de una exalumna queridísima:

‘Cuando era chica mi papá me llevaba al Cajón del Maipo, donde nos poníamos a escuchar a Jarre, tendidos en el pasto, boca arriba, mirando el cielo estrellado. Era maravillosa la sensación, que va anudada indeleblemente a su recuerdo’.

Y al igual que ella, mi exalumna inolvidable, hoy Profesora como yo, sé que mi hijo anudará su corazón a la música de Jarre y a mi paso por este mundo.

Espero estar allí, en el Movistar Arena el 14 de noviembre, para disfrutar de temas que me transportan a otras dimensiones.

Dejo para que disfrute la parte 2 de ‘Oxígeno’.

Sencillamente maravillosa.

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lunes, 18 de septiembre de 2017

‘Luis, da el dinero que tienes en el bolsillo derecho a quien yo te señale’



Era carpintero en aluminio. Sin hijos, se daba maña para trabajar de lunes a domingo, pues la situación no era buena. Y – se decía – si quieres vivir bien dentro de lo que se puede, hay que darle nomás. 


Su señora pertenecía a la iglesia evangélica del barrio. Todos los domingos se despertaba temprano, se acicalaba y desayunaban juntos, luego de lo cual cada uno partía en direcciones opuestas: ella a la casita de humilde madera y él, a su tallercito que distaba algunas cuadras.


Mientras sorbeteaban el dulce y caliente tecito y masticaban lentamente el pan tostado con margarina y mermelada, ella se dejó caer con la propuesta:

-       Luis, ¿por qué no me acompañas hoy a la iglesia?


Silencio.



Ella repitió la pregunta, sabedora de la renuencia proverbial de su marido a acompañarla en sus actividades religiosas:



Luego de un largo silencio, a regañadientes, Luis aceptó. No le gustaban los ceremoniales de ningún tipo; es más, no profesaba religión alguna, salvo el ritual de ir a su tallercito, aunque lloviera. Allí, en medio de sus herramientas, gozaba como un niño en medio de un charco de agua.

Caminaron del brazo unos cuantos metros por las veredas disparejas, en medio de los saludos de los perros del vecindario. La iglesia de la población era una construcción rústica, cuyos tablones celestes destacaban en medio de los multicolores de las casas vecinas. Un cartel coronaba el dintel. Se leía ‘Templo de...’

No bien entraron, los cánticos se adueñaron de sus oídos. Luis solo miraba el entusiasmo de los feligreses y se prometió guardar todo en su memoria para contrastarlo con las imágenes de su infancia en un colegio católico.

Ya terminado el oficio, su señora lo invitó a compartir un desayuno con que acostumbraban cerrar el servicio dominical, lo que Luis aceptó casi sin resistencia.

Se acomodó en un rincón, con la taza en una mano y unas galletitas en la otra, en tanto su señora conversaba animadamente con los asistentes, desplazándose en todas direcciones. Miraba cohibido a todos lados, pues se sentía intruso en medio de tanta gente con convicciones. Él, cuya única creencia era en la fuerza del trabajo, detestaba perder tiempo en estos rituales.

De pronto, escuchó muy cerca de sus oídos:
-      Luis,  da el dinero que tienes en el bolsillo derecho a quien yo te señale
 
Miró a todos lados disimuladamente, porque pensó que alguien le estaba tomando el pelo. Nadie lo observaba.

La voz, dulce y profunda,  se repitió:
-       Luis,  da el dinero que tienes en el bolsillo derecho a quien yo te señale
 
Volvió a mirar, por si había algún parlante cerca. Nada. Todos los asistentes, numerosos, conversaban animadamente. Nadie le prestaba atención.

Repentinamente, su mirada se detuvo en una mujer joven, al otro lado del salón, que miraba con fijeza al suelo. Su rostro denotaba pesadumbre. Mientras en su mano izquierda sostenía un tazón, su mirada se cruzó con la de Luis. Fue una fracción de segundo.

Sin pensarlo, como cediendo a un impulso, se dirigió a ella, mientras se palpaba el bolsillo derecho.

La saludó y le habló a borbotones. Que no la conocía, que la había visto del otro lado, que solo le iba a entregar algo, que no se ofendiera, que no quería nada a cambio, que solo obedecía a..., y aquí se calló. Solo atinó a pasarle el billete de diez mil pesos que no sabía cómo había aparecido en su bolsillo derecho, el mismo de la orden.

La mujer lo miraba sin comprender; sus ojos se humedecieron, mientras su mirada iba del rostro de Luis hacia el billete.

Lo abrazó, fuerte y cálidamente. Le murmuró que estaba desesperada porque debía comprarle leche a su hija y no tenía dinero. Había pedido un anticipo en su trabajo en una tiendecita por allí cerca, pero no se lo dieron. Que su ayuda – musitó – había llegado del Cielo.

A la salida, su mujer le preguntó intrigada por qué se veía tan feliz. Le respondió que en la casa le contaría, además de prometerle que no faltaría ningún domingo.  



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domingo, 10 de septiembre de 2017

- ¿Con quién tení' clase?





Estaba fumando apoyado en las barandas. Tenía una ‘ventana’ en la ardua jornada de clases, por lo que un cigarrillo con un café es el ritual con que amortiguo el estrés y el agotamiento natural.



Muchos alumnos hacían lo mismo y sus conversaciones se mezclaban con el ruido del intenso tráfico que  a esa hora atosigaba Avenida Brasil: bocinazos,  aceleradas – no falta el ‘chistoso’ que tiene su auto acondicionado sin tubo de escape con lo que satura el ambiente y activa las alarmas de los autos estacionados -, frenadas y un sinfín del bullicio característico con que el Gran Valparaíso adorna sus calles angostas.



Ya había empezado a caminar hacia la entrada cuando escucho a dos jóvenes que conversaban en voz alta. Los vi de reojo, pero había tantos que no les presté mayor atención.



Uno de ellos le pregunta al otro:


-       ¿Con quién tení clases? 

-       Con ese cu...



Me sorprendí, pero no quise mirar. Subí despacio las escaleras y me di vuelta para ver si había otro ‘profe’ por las cercanías.



Ninguno.



Seguramente, el cu... era yo.



-       Puta – pensé -, pudo haberme dicho ‘viejo’, ‘feo’, ‘guatón’, pero jamás ‘cu...’


-       Y no supiste quién fue – le pregunté. 

-       No – me respondió. 

-       Yo lo habría identificado y lo ‘agarro’ en la sala.





Me lo contó un amigo. Y es tanta la risa que me produjo que no dudé en narrarla.

sábado, 2 de septiembre de 2017

La bruja’





El chofer conversaba con su acompañante, un hombre de mediana edad que iba acomodado en el asiento que habitualmente reservan estos personajes a sus amigos.
 
Este último le comentaba que años atrás había adquirido un microbús que manejaba hasta el sábado en la mañana; en la tarde le hacía mantención, para así tener libre el domingo.

No pasaron seis meses cuando decidió devolver el vehículo, por el que le restituyeron más de la mitad del dinero pagado. 

Sin embargo, cuando mencionó la aparición de un abogado que lo quiso estafar, según propia confesión. 

Cada vez que se encontraba con él, este muy cordialmente lo intentaba engatusar; no obstante, cuando aparecía su mujer en escena arrancaba rápidamente. 

-       Ella – contaba – intuía que este fulano andaba detrás de dinero, por lo que le había advertido varias veces que tuviera cuidado.

Fue allí cuando me acordé del epíteto de ‘bruja’ cuando algunos se refieren a su pareja.

Averiguando por acá y por allá, no consignaré la connotación peyorativa que a tal término se le asigna ni una supuesta significación de suegra, ambos muy ofensivos, sino me referiré a una acepción que se relaciona con:

6. f. Mujer que parece presentir lo que va a suceder.

Es el sexto sentido femenino – que nosotros no tenemos, por cierto – y que les permite intuir cuando algo va por mal camino.

El ‘Te lo dije’ femenino viene como consecuencia de nuestra porfía.

En todo caso, sea por el significado que sea, jamás le diga a su pareja:

-       Eres una bruja.

‘Jean Michel Jarre en Chile’

El 14 de noviembre nos visitará por primera vez este extraordinario intérprete de música electrónica. ¿Quién es Jarre? ...